Capítulo 61



   Tras la cena de los jueves, Osvaldo y Roberto partieron rumbo a la capital. Habían decidido ir en una de las camionetas de Roberto y Osvaldo dejaría la suya guardada en el garaje de la casa de su tío. Según él, el médico le había recomendado que no viajara solo y que condujera lo menos posible, sobre todo de noche o en una ruta.

   Habían salido de la ciudad hacía un par de horas y el tío le pidió parar en una estación de servicio para comer algo y usar los sanitarios. El sobrino obedeció, en realidad le hubiera gustado para en un hotel y dormir varias horas, ya que ese día se había levantado muy temprano para ir al mercado, ya que tenía que abastecer a su negocio por los días que no iba a estar, solucionar algunos problemas en el banco y por la tarde buscó encontrarse con esa mujer que extrañaba y no podía tener.

   Bajaron y Osvaldo aprovechó a tomar un café, mientras Roberto iba hasta el servicio de sanitarios. En el bar no había televisión, apenas sí unos diarios estropeados. Era una estación vieja, a la que no habían acomodado a los tiempos modernos. Se trataba de una parada en un pueblo muy tranquilo y Osvaldo se preguntaba cómo aún permanecía abierta.

   Cuando Roberto volvió del baño, no lo hizo solo. Iba acompañado de dos personas más. Osvaldo no los conocía. Entraron al pequeño y vetusto café y se sentaron junto a Roberto.

“Sobrino, te preguntarás quienes son estas personas. Ellos nos van a ayudar en una misión que tenemos que cumplir.”

   Osvaldo miró a su tío sin entender nada.

“Ahora vamos a dejar a estos señores en uso de mi camioneta, se van a ir a la capital y nosotros nos vamos a ir en otro vehículo.”

“´¿No vamos a ir a Buenos Aires?”

“No, tuve que decirte una pequeña mentirita para que en tu casa todos crean que vos estás en un lugar, pero vas a estar en otro.”

“¿Y a dónde vamos a ir?”.

“Primero le tenés que dar tu teléfono a este señor (señaló al más alto de los dos hombres).”

“¿Para qué? No entiendo nada!”

“¿Vos confiás en mí?”

“Si, por supuesto.”

“Entonces hacé lo que te digo y después te explico.”

   Osvaldo acató la indicación que le hacía su tío. Era algo muy raro, pero debía confiar en él. Luego de que Roberto les diera algunas indicaciones sobre qué debían hacer y donde ir, les entregó las llaves de la camioneta, tomando las del vehículo en que ellos habían llegado.

“¿Me explicás todo esto?”

   Roberto le hizo señas al empleado para que le sirviera un café.
  
“Simple, necesito que todos crean y sepan que hemos estado en la capital. Que haya registros de la camioneta circulando por los accesos, que filmen la patente todas las cámaras de vigilancia y que haya gente que diga que nos vieron por ahí.”

   Osvaldo no comprendía absolutamente nada.

“¿Pero si no nos van a ver, nosotros en donde vamos a estar?”

“Sobrino, no notaste que ese par tiene un cierto parecido físico a nosotros dos?”

   Era verdad, ambos hombres tenían similitudes físicas, uno con Roberto y el otro con Osvaldo. Se habían puesto ropas parecidas.

“Me costó encontrar a alguien alto como vos, pibe, porque hay que aprovechar que no te conocen bien de cara para crear la idea de que a quien vieron es a vos y a mí, por si piden informes.”

“¿Quiénes?”

“Jueces, fiscales, policía.”

   Osvaldo comenzaba a ponerse nervioso y de malhumor. No comprendía el motivo del viaje, no podía ver la razón de todo ese operativo, de conseguir dobles, de cambiar las camionetas. Roberto notó la mirada furiosa de su sobrino y procuró calmarlo.

“El chico que mató a tu hermano se fugó, lo sabías?”

“Si, la verdad que no sé qué tiene que ver, pero lo sabía y la verdad que tengo mucha rabia por eso.”

“El chico se fugó porque yo lo ayudé.”

“¿Qué? ¿Cómo que ayudaste a que ese pendejo desgraciado se fugue?”

“Sh, tranquilo, no te alteres que a la larga el chico mató a Fabio por orden tuya, ¿o te olvidaste de ese detalle?”

   Osvaldo se acomodó en su silla. Tenía sentimientos contrarios sobre ese tema. Sí, él había mandado a matar a Fabio como venganza por haber abusado de su hija, pero también tenía dolor porque más allá de todo, era su hermano y había sido su amigo. Y odiaba al muchacho que cometió el crimen, a pesar de que era un pedido suyo.

“Bueno, ahora que estás más tranquilo, paso a explicarte. El pibe amenazó con sacar a la luz unos vídeos en los que cuenta que vos y yo fuimos los autores ideológicos del crimen de Fabio. Si fuera por eso, él es un delincuente prófugo y nosotros dos comerciantes honorables de nuestra ciudad.  Si se mantiene ahí, yo puedo parar todo y ni los medios ni la policía le darían bola al pibe ese. Pero si por casualidad esa confesión llegara a un medio nacional, yo no podría pararlo ni evitar que lo hagan público. Y en esa circunstancia, vos y yo no solo estaríamos en graves problemas, sino que la justicia podría llegar a investigar seriamente la muerte de Fabio, comprobar que vos lo mandaste matar y llegar a mí por los negocios que tenemos. ¿Entendés?”

   Osvaldo asintió con la cabeza. Todo era un gran embrollo y debían salir como fuera.

“Ahora, estos tipos van a hacerse pasar por nosotros, van a ir a un hotel de gente conocida y los van a registrar con nuestros nombres, van a pasar por lugares que solemos frecuentar, pero como nos ven pocos minutos y ellos van a estar con los anteojos oscuros puestos, no van a poder decidir si somos o no vos y yo.”

“’Y por qué darles los teléfonos?”

“Si alguien nos llama, ellos van a atender fingiendo que no hay señal. Si buscan registros de las antenas telefónicas, comprobarán que estuvimos en la capital y que las celdas de las antenas nos captaron allá.”

   Osvaldo notaba que su tío tenía todo calculado. No se le escapaba ningún detalle.

“¿Y nosotros a dónde vamos a ir y qué vamos a hacer?”

“Nosotros, nos vamos a ir a cazar.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario