Capítulo 24



   Osvaldo condujo un largo trayecto por la ruta buscando un sector en donde no hubiera cámaras que registrasen su paso. El camino por el que salía se encontraba alejado de los aparatos que registraban la velocidad y las de video vigilancia se encontraban a más de cien kilómetros de distancia. Sin embargo, quería asegurarse de tener la coartada perfecta y que nadie sospechase de él. No podía dejar el cuerpo de su esposa cerca de donde ellos se estaban hospedando.



    Al ser día de semana, la ruta a esa hora estaba vacía. A la vera de la ruta había un árbol y un auto abandonado. Se detuvo sobre el asfalto, para que no quedasen huellas de las ruedas de su vehículo marcadas en la tierra de la banquina. Se había quitado los zapatos y se había colocado bolsas de residuos en los pies, para no dejar marcas que pudieran incriminarlo.


    Retiró el cuerpo de su esposa de la camioneta y lo dejó al pie de un árbol, roció con combustible al auto abandonado y al cuerpo de Clide y los encendió con un fósforo, con el mismo que había encendido su cigarrillo. Se quedó mirando un rato, vigilando que no pasara ningún otro vehículo. Cuando el cuerpo de su mujer hubo quedado reducido e irreconocible, subió a su camioneta y se fue.

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