Osvaldo
condujo un largo trayecto por la ruta buscando un sector en donde no hubiera cámaras
que registrasen su paso. El camino por el que salía se encontraba alejado de
los aparatos que registraban la velocidad y las de video vigilancia se
encontraban a más de cien kilómetros de distancia. Sin embargo, quería
asegurarse de tener la coartada perfecta y que nadie sospechase de él. No podía
dejar el cuerpo de su esposa cerca de donde ellos se estaban hospedando.
Al ser día de semana, la ruta a esa hora estaba vacía. A la vera de la ruta había un árbol y un auto abandonado. Se detuvo sobre el asfalto, para que no quedasen huellas de las ruedas de su vehículo marcadas en la tierra de la banquina. Se había quitado los zapatos y se había colocado bolsas de residuos en los pies, para no dejar marcas que pudieran incriminarlo.
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