Capítulo 29



"Trae todo a la planta". Ese era el mensaje que Osvaldo acababa de recibir de su tío. Le dejó el negocio encargado a su empleado, dejó el cajón en el asiento del acompañante y se fue hasta la planta procesadora en donde Roberto lo esperaba.

   Nunca había pensado que sería tan simple. Que todo fuera así de sencillo lo asustaba un poco. Tan fácil, tan rápido, todo tan limpio.

   Llegó al edificio y se hizo anunciar en la garita de seguridad. Le abrieron el portón e ingresó. Roberto lo esperaba con cara de felicidad.

"Sobrino, qué bueno que hayas venido!".

   Lo recibió con un abrazo inusual. Osvaldo se quedó mirándolo.

"Te confieso que hace muchísimo tiempo que me hubiera gustado pedirte que me ayudaras en este negocio, pero tenía dudas sobre si te caería bien o no".

   Osvaldo no decía nada. Aún estaba asustado, pero no quería confesarlo. Quería demostrarle a su tío que era digno de toda confianza y no un cobarde.

   Roberto dio la orden a uno de sus empleados que se llevasen el cajón hacia la procesadora. Había pescado listo para congelar y tenían que esconder la droga dentro de los bloques de hielo. Si todo salía bien, a la mañana siguiente un buque se estaría llevando esa carga hacia Italia, lista para ser distribuida.

   Subieron al despacho de Roberto. Sobre el escritorio, había una hielera con una botella de champagne enfriándose.

"Vamos, cambiá la cara, todo salió bien, ahora vamos a brindar por esta sociedad y porque ganemos mucha plata".

   Roberto descorchaba la botella y servía las copas, mientras Osvaldo miraba todo confuso. Sentía que de repente toda la ansiedad que había estado acumulando le derrumbaba y sólo quería dormir.

"Tomá una copa y alegrate, pibe. Quedate tranquilo que todo salió a pedir de boca. Yo también sentí cosas raras la primera vez que hice esto. Estaba asustado, pensé que todo el mundo se iba a dar cuenta a qué me estaba dedicando, que la policía me iba a tocar la puerta en cualquier momento. Con el tiempo ves que no pasa nada, si vos hacés las cosas bien, te mantenés tranquilo y no ostentás, nadie te molesta".


   Osvaldo sonrió por primera vez. Tomó la copa y bebió el contenido de un solo trago.

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