La
camioneta de mamá había quedado destruida. El fuerte impacto contra el paredón
destruyó totalmente la parte de adelante, rompiendo el motor. No eran solo las
chapas externas las que habían sufrido el impacto.
Juliana
no sabía cómo iba a explicarles a sus padres la tremenda irresponsabilidad que
había cometido. Sabía que no debía conducir en estado de ebriedad, pero la
situación vivida con Roberto le hizo perder el control. Debería atenerse a la
reacción de su padre, a quien seguramente no le haría ninguna gracia saber que
su hija había tenido un choque y, mucho menos, borracha.
Afortunadamente
mamá estaba usando el otro vehículo en una entrega domiciliaria cuando recibió
el llamado de su hija.
“Por
favor, no le digas nada a papá, todavía. Te lo suplico! Vení urgente, necesito
que me ayudes!”
“¿Qué
te pasó? No me pongas más nerviosa, por favor!”
Tras
un suspiro, Juliana dijo una sola palabra.
“Choqué”,
Minutos
más tarde, Clide se horrorizaba al ver cómo había quedado su vehículo. Sólo le
agradecía a Dios que su hija estaba con vida y sin un solo rasguño. Al
acercarse a abrazarla, notó el olor de alcohol en su aliento.
“¿Estuviste
tomando?”
Juliana
la miró con culpa.
“¿Cómo
es que tomaste, estás loca? ¿De dónde sacaste la bebida?”
“Papá
compró en el mayorista, estaba en el piso. Me tenté.”
“¿Sabés
la reacción que va a tener tu padre, no? Tu comportamiento es indefendible!”
“Lo
sé, má. Sólo te pido perdón.”
“Yo
agradezco a Dios que estas viva y sana, pero pedir perdón por lo que hiciste no
te va a ayudar mucho cuando tu padre vea cómo dejaste la camioneta!”.
Tomó
su teléfono y llamó a su marido. Pensaba en todas las formas posibles de
contarle lo ocurrido. Sabía que la reacción de Osvaldo iba a ser terrible.
“Pedile
al novio de Beatriz que te traiga en el auto, ni Juliana ni yo podemos ir.
Cerrá el negocio y vení urgente”
“¿Qué
pasó?”
Por
primera vez en su vida le contestó en la misma forma en que hablaba su marido:
“No
hagas tantas preguntas y vení. Es urgente.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario