Capítulo 32 (bis)



   Unas amigas le habían propuesto ir a una fiesta. Una radio organizaba festejar la llegada de la primavera. Para ella era una fecha muy particular, una fecha que jamás había celebrado. Y era hora de dar vuelta la historia.

   Tras hablar con una de sus amigas, entró al negocio en donde vendía. No le provocaba simpatía el dueño. Era antipático, seco. La primera vez que fue a atenderlo la había tratado un poco groseramente. Tuvo que ponerse firme y muy seria. Levantó un muro entre ella y ese hombre. Algo le decía que tenía que mantenerlo alejado, no entendía bien qué era.

   Ese día ese hombre se comportó raro, como si quisiera decirle algo. Como si no se atreviera a decirle algo. Le siguió la corriente. Fueron a charlar a la vereda, mientras él fumaba un cigarro. Le hablaba de cosas intrascendentes. Mientras lo escuchaba, ella pensaba en los clientes que aún le quedaban por visitar, pero la conversación bajo el toldo del negocio le venía bien para esperar que dejara de llover. Le contestaba con evasivas, porque nada de lo que él le decía sonaba a importante. La forma en que la miraba le decía que había algo más, pero por alguna razón ella prefería no averiguar de qué se trataba.

   La lluvia la ayudó a finalizar ese diálogo. Se fue sintiendo que durante esos minutos había quedado algo pendiente. Descartó ese pensamiento. Tenía que organizar una salida, que hacía mucho tiempo no lo hacía.

   Aquélla noche esperaba que algo ocurriera. Un regalo que la vida le debía, tantas primaveras que ella había  dejado pasar. Un mensaje de paz.

   Mientras esperaba que comenzara la fiesta, vio entrar a alguien que le llamó la atención. Le parecía conocido. Miró nuevamente y se dio cuenta de que era ese cliente que de repente intentaba mostrarse amable y simpático. Lo observó pasar y trató de ocultarse. No quería que la viera. Había ido a esa fiesta para distraerse y lo último que quería era encontrarse con un cliente, y menos con ese cliente. Le llamó la atención verlo entrar solo. Quizás su compañera había llegado antes, mientras él llevaba su vehículo al estacionamiento. Quizás buscaba una compañía pasajera que no lo comprometiera. Sabía que tenía familia y posiblemente estaba “de trampa”, como se decía habitualmente.

   De repente se dijo que nada debería importarle. Que él hiciera lo que quisiera, que bailase con cualquier mujer, ella había ido a divertirse. Comenzó la música y salió a la pista a bailar. Se dejó llevar por la música. Dio una vuelta y lo vio, del otro lado de una mesa, mirándola. Hizo como si no lo hubiera visto ni reconocido, se dio vuelta y siguió bailando.

   De repente sintió que alguien le tomaba la mano y una electricidad le corrió por todo el cuerpo. Era él. Por primera vez vio que sonreía. La saludó y le preguntó si bailaban juntos. Ella miró a su amiga, como buscando una excusa para evitarlo, pero su amiga le sonrió con picardía. Aceptó, pensando en deshacerse de ese hombre tras un par de temas musicales.

   La llevó hasta otro sector del salón. Mientras bailaban, charlaron un poco. Él le dijo que estaba solo, mostrando sus manos que no lucían la tradicional alianza. Le dijo que no tenía compromisos. De pronto ese hombre se mostraba suelto, divertido, simpático, amable. Algo que dijo ella le provocó una carcajada profunda, larga, sonora que a ella le conmovió profundamente. Siguieron bailando y en un paso él la tomó en sus brazos. Por primera vez ella sintió el aroma de ese hombre que esa noche era tan diferente. Sintió que su abrazo la abarcaba, la protegía, la contenía. Sintió que ese era su lugar en el mundo, el que tanto había buscado.

   Quiso resistirse a ese pensamiento. En una noche de locura todo podía pasar y sabía que con tal de lograr algo, las personas cambiaban. Pero no podía resistirse a lo que le estaba pasando.  Parecía que toda la vida había estado esperando ese abrazo y, al mismo tiempo, que siempre ese hombre había estado abrazándola. Levantó su rostro porque necesitaba comprender y recibió un beso, largo y profundo. . Sintió que toda la vida había estado esperando ese beso. Sintió que jamás había dejado de besarla.

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