Roberto tenía que solucionar el tema del pibe lo antes
posible. Sabía que podía contar con Antonio, ya que en muchas oportunidades habían
trabajado juntos y era fiable. Callado, discreto, sabía que si hablaba ponía en
riesgo su vida y le convenía tener a quien recurrir cuando saliera en libertad.
El pibe era un problema y él tenía por costumbre
resolverlos, y si no tenían solución, sacárselos de encima de la forma en que
más lo beneficiara. Tendría que acudir a Osvaldo para encontrar la forma de
terminar con Kevin y poder vivir en paz. Lo llamó por teléfono.
“Sobrino, ¿cómo estás?”
“Todo bien, tío, trabajando bastante.”
“Necesito que armes un bolso y te vengas conmigo el
fin de semana a la capital, tengo que resolver unos asuntos allá y no quiero
viajar solo.”
“¿Este fin de semana?”
“Mirá, tenía planeado ir el jueves, después de la
comida con los muchachos, no quiero manejar de noche y el médico me pidió que
tuviera cuidado por la presión.”
Osvaldo tenía otros planes. Quería aprovechar ese fin
de semana para irse de su casa y pedirle a su amante que lo acompañara.
Necesitaba salir de tanta cosa turbia que lo rodeaba y esa mujer le provocaba
paz. Su silencio le llamó la atención a Roberto.
“¿Pasa algo que no me contestás?”
“No, nada, me tomaste por sorpresa, tengo que arreglar
unos asuntos del negocio y armo mi bolso.”
“Dale, arreglá tus cosas y nos vamos, necesito que me
acompañes.”
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