Capítulo 22



   Ese domingo por la mañana Osvaldo se levantó más tarde de lo acostumbrado y encendió un televisor viejo. Habían encontrado el cuerpo de una mujer calcinada dentro de una valija al borde de la ruta. Estaba irreconocible.


    No podían identificar ningún vehículo, ya que en el sector no había cámaras de seguridad y por la zona había varios ingresos que daban conexión a otras rutas, para acceder a varias ciudades y pueblos.


    Iban a revisar las denuncias por desapariciones que se habían realizado en las últimas horas, para tratar de identificar el cuerpo hallado, pero sería un milagro descubrir quién era. Deberían realizar exámenes de ADN a los familiares de los denunciantes y cabía la posibilidad de que nunca descubrieran de quién se trataba.


    Osvaldo se preparó un café, untó mermelada en una rodaja de pan, apagó el televisor y se fue al saloncito a terminar de desayunar. Debía partir antes de que llegaran los caseros y dejar todo ordenado. Tenía que planear muy bien qué le diría a sus hijas. Clide nunca más volvería a su casa. Se había ido para siempre.

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