Ese
domingo por la mañana Osvaldo se levantó más tarde de lo acostumbrado y
encendió un televisor viejo. Habían encontrado el cuerpo de una mujer calcinada
dentro de una valija al borde de la ruta. Estaba irreconocible.
No podían identificar ningún vehículo, ya que
en el sector no había cámaras de seguridad y por la zona había varios ingresos
que daban conexión a otras rutas, para acceder a varias ciudades y pueblos.
Iban a revisar las denuncias por
desapariciones que se habían realizado en las últimas horas, para tratar de
identificar el cuerpo hallado, pero sería un milagro descubrir quién era.
Deberían realizar exámenes de ADN a los familiares de los denunciantes y cabía
la posibilidad de que nunca descubrieran de quién se trataba.
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