Cuando Ella encendía su computadora lo primero que
hacía era buscar las distintas páginas de noticias para leer las últimas
novedades. Le gustaba estar informada sobre lo que ocurría a su alrededor, leer
distintas opiniones y tener su propia interpretación de la forma en que la vida
se desenvolvía.
Le llamó poderosamente la atención un titular. Habían
encontrado el cuerpo de un muchacho a la salida de la ciudad. Había recibido un
balazo en las piernas pero, además, su cuerpo había sido destrozado por algún
vehículo que lo había pasado por encima.
No era cualquier muchacho. Se trataba del asesino de
Fabio, el hermano de Osvaldo, quién se había fugado hacía un tiempo del centro
para menores en donde estaba alojado de una manera algo extraña y casi
cinematográfica.
Tomó su taza de café y bebió varios sorbos mientras
leía y buscaba más información sobre el hallazgo. Necesitaba saber exactamente
qué habían investigado los medios. Quería sacarse todas las dudas sobre el
hecho. Tomó su teléfono y llamó a Osvaldo. Su voz era de alguien que aún estaba
durmiendo.
“¿Qué pasa?”
“Hola, disculpá que te esté molestando, imagino que si
tuviste la cena con tu tío y tus amigos te habrás acostado muy tarde.”
“¿Me estás reclamando algo?”
Ella sonrió irónicamente. Osvaldo usaba la excusa de
la cena semanal con sus amigos para encontrarse con ella. Era mentira que esas
comilonas terminaban a las cuatro o cinco de la madrugada, apenas concluían, él
la llamaba y se encontraban en algún lugar para tomar un café, conversar y
pasar algunos momentos juntos.
“No, nada que ver, no te hagas ninguna película, jamás
te reclamaría algo, y el día que tenga la necesidad de hacerlo, quedate
tranquilo que no te vas a enterar, o sí, porque ese día desaparezco de tu
vida.”
Ella tenía bien en claro cuál era su lugar en esa
historia.
“Evidentemente aún no leíste ningún diario ni
escuchaste la radio, como tampoco viste ningún
noticiero.”
“¿Por qué?”
“Encontraron el cuerpo de Kevin, en un camino medio
perdido, a la salida de la ciudad. Está muerto. Le dieron un par de tiros y lo
pasaron por encima con un vehículo.”
Del otro lado de la línea solo escuchó silencio.
“¿Osvaldo, me escuchaste, estás ahí?”
“Sí, sí, te escuché. ¿Qué más dice?”
“No pareces muy asombrado.”
“Estoy dormido, pero esto me pegó como un baldazo de
agua fría. ¿Saben qué pasó, cómo fue?”
“Por lo que veo, aún no mucho más, tienen que terminar
de hacerle una autopsia, para corroborar que fue atropellado, pero el estado
del cuerpo y las marcas de las ruedas no dejan mucho margen de dudas sobre lo
ocurrido.”
Hubiera deseado poder ver el rostro de Osvaldo en ese
momento, poder observar su reacción, mirarlo a los ojos y hacerle todas las
preguntas que rondaban por su cabeza.
“Me están llamando, después hablamos.”
Así él cortó la comunicación. Estaba acostumbrada a
esos finales en sus charlas, además que imaginaba que los medios estarían
desesperados buscándolo para hacerle notas y entrevistas. Continuó buscando en
las redes, en portales virtuales algo relacionado con esta muerte tan extraña
como la fuga del joven. Había algo que no le cerraba en esa historia.
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