El nuevo gobierno no
transaba como el anterior. Los años en los que todo daba igual habían cambiado.
Si bien las falencias eran muchas, el negocio se iba complicando cada día más.
Por pantomima o por convicción, las nuevas políticas sobre narcotráfico
comenzaban a complicar las cosas para Roberto.
Una mañana al encender el
televisor se atragantó con el desayuno. En el informativo hablaban sobre la
ministro de Seguridad. Daría una conferencia al mediodía. Enfocaban el
estacionamiento de uno de los balnearios de la ciudad y se veían muchísimos
vehículos, de todos los modelos. Camiones, autos, embarcaciones, motos. Un megaoperativo.
Se cayó sobre el sillón del
living. Tomó su teléfono.
"Suspendé todo lo que
tenga para hoy...no importa, decile que estoy enfermo...QUE SUSPENDAS TODO,
CARAJO!!"
Cortó bruscamente. Sobre la
mesilla había una bandeja con su café italiano favorito, un vaso con jugo de
naranjas, tostadas, manteca, mermelada, algo de fiambre y queso. No podía
ingerir nada. La empleada le preguntó si no pensaba comer.
"Llevate eso y
andate"
"Pero, don
Roberto, aún no hice la
limpieza..."
"Andate te dije!"
Le gritó mirándola a los ojos con furia.
La chica se llevó la bandeja
y se retiró. Roberto se quedó inmóvil en el sillón toda la mañana, cambiando
los canales para encontrar uno que dijera qué estaba sucediendo. Al mediodía
todos los medios noticiosos mostraban cómo un helicóptero se acercaba a los
balnearios. La ministra bajó y caminando con mucha tranquilidad fue hasta un
podio en donde había micrófonos. Allí comenzó a hablar.
"Hemos dado con una
enorme red de narcotraficantes. Destruimos la maraña de encubrimiento con la
que lograban blanquear el dinero de la droga. Y ahí está la prueba, más de
doscientos vehículos secuestrados, registrados en forma irregular en diferentes
ciudades, con la complicidad de empleados públicos que se dejaron corromper y
firmaban papeles de transferencias, sin pedir informes ni enviar registros de
operaciones sospechosas..."
Roberto sudaba. Reconocía
alguno de los autos que enfocaban los camarógrafos. Sabía de quienes eran, de
quienes se trataba. Habían detenido a nueve personas en la ciudad, uno se encontraba
prófugo. Y la ministra seguía hablando sin que Roberto ya escuchara nada, solo
comprendía que esta vez no era una broma, no habían mostrado unos ladrillos de
marihuana o cocaína, que al fin y al cabo eran los mismos cada vez que un
político en campaña tenía que "mostrar" cómo se combatía el
narcotráfico y la droga.
No estaban llevándose a un soldadito que
vendía unos porros o ravioles mal hechos...No, habían agarrado a peces más
gordos, habían encontrado a quienes les firmaban las operaciones de compra y
venta y no las informaban, les habían roto un eslabón de la cadena que les
permitía hacerse de plata "transparente".
Un llamado telefónico lo
sacó de sus pensamientos. Miró la pantalla del celular y el nombre que vio lo
hizo temblar. Apagó el aparato. No quería que lo relacionaran con nadie antes
de resolver cómo seguir siendo invisible para todos.
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