Capítulo 33



   El nuevo gobierno no transaba como el anterior. Los años en los que todo daba igual habían cambiado. Si bien las falencias eran muchas, el negocio se iba complicando cada día más. Por pantomima o por convicción, las nuevas políticas sobre narcotráfico comenzaban a complicar las cosas para Roberto.

   Una mañana al encender el televisor se atragantó con el desayuno. En el informativo hablaban sobre la ministro de Seguridad. Daría una conferencia al mediodía. Enfocaban el estacionamiento de uno de los balnearios de la ciudad y se veían muchísimos vehículos, de todos los modelos. Camiones, autos, embarcaciones, motos. Un megaoperativo.

   Se cayó sobre el sillón del living. Tomó su teléfono.

"Suspendé todo lo que tenga para hoy...no importa, decile que estoy enfermo...QUE SUSPENDAS TODO, CARAJO!!"


   Cortó bruscamente. Sobre la mesilla había una bandeja con su café italiano favorito, un vaso con jugo de naranjas, tostadas, manteca, mermelada, algo de fiambre y queso. No podía ingerir nada. La empleada le preguntó si no pensaba comer.


"Llevate eso y andate"

"Pero, don Roberto,  aún no hice la limpieza..."

"Andate te dije!" Le gritó mirándola a los ojos con furia.


   La chica se llevó la bandeja y se retiró. Roberto se quedó inmóvil en el sillón toda la mañana, cambiando los canales para encontrar uno que dijera qué estaba sucediendo. Al mediodía todos los medios noticiosos mostraban cómo un helicóptero se acercaba a los balnearios. La ministra bajó y caminando con mucha tranquilidad fue hasta un podio en donde había micrófonos. Allí comenzó a hablar.


"Hemos dado con una enorme red de narcotraficantes. Destruimos la maraña de encubrimiento con la que lograban blanquear el dinero de la droga. Y ahí está la prueba, más de doscientos vehículos secuestrados, registrados en forma irregular en diferentes ciudades, con la complicidad de empleados públicos que se dejaron corromper y firmaban papeles de transferencias, sin pedir informes ni enviar registros de operaciones sospechosas..."


   Roberto sudaba. Reconocía alguno de los autos que enfocaban los camarógrafos. Sabía de quienes eran, de quienes se trataba. Habían detenido a nueve personas en la ciudad, uno se encontraba prófugo. Y la ministra seguía hablando sin que Roberto ya escuchara nada, solo comprendía que esta vez no era una broma, no habían mostrado unos ladrillos de marihuana o cocaína, que al fin y al cabo eran los mismos cada vez que un político en campaña tenía que "mostrar" cómo se combatía el narcotráfico y la droga.


    No estaban llevándose a un soldadito que vendía unos porros o ravioles mal hechos...No, habían agarrado a peces más gordos, habían encontrado a quienes les firmaban las operaciones de compra y venta y no las informaban, les habían roto un eslabón de la cadena que les permitía hacerse de plata "transparente".


   Un llamado telefónico lo sacó de sus pensamientos. Miró la pantalla del celular y el nombre que vio lo hizo temblar. Apagó el aparato. No quería que lo relacionaran con nadie antes de resolver cómo seguir siendo invisible para todos.

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