"Sos un narco hijo de puta".
La sentencia de Juliana era contundente. Osvaldo
intentó arrebatarle a su hija el paquete que sostenía, pero ella lo había
tomado con fuerza y en el forcejeo se rompió el envoltorio, desparramando la
droga por la habitación. Una nube blanca se desparramó por toda la habitación.
"¿Cómo te atreviste a traer esta mierda
acá?"
"No es asunto tuyo", fue la parca respuesta
de Osvaldo.
Él le había dado la espalda. La joven se le enfrentó y
lo miró de una forma que jamás olvidaría, lo miró de la misma forma en que ella
solía mirarlo, sin perdón, sin máscaras.
"Sí, es mi asunto, y es de Florencia, y también
es de Beatriz, porque acá vivimos todos. Sos una mierda y nos ponés en
riesgo".
Osvaldo sabía que su hija tenía razón, pero no podía
dar el brazo a torcer. Tomó el otro paquete y lo puso muy cerca del rostro de
su hija.
"Esta mierda les paga la ropa de marca. Esta
mierda compra viajes, vacaciones, perfumes, zapatos, salidas. Gracias a esta
mierda tienen un vehículo disponible para ustedes. Por esta mierda no les falta
nada!".
"¿Y qué querés, que te diga 'gracias, papito, por
ser un narcotraficante'? ¿Qué me alegre de que le cagás la vida a muchísimos
pibes para que nosotras tengamos algo? No me hacen falta tus cosas, papá, nunca
las necesité".
"Bueno, andate a vivir sola, a ver quién paga tus
terapias, tus tratamientos, tus remedios... ¿sabés lo que vale cada cajita de
tus pastillas, sabés lo que me cuestan a mi tus depresiones?"
Juliana lo miró sorprendida. Sonrió irónicamente.
"Lo más justo es que si sos socio de ese viejo
hijo de puta, paguen todo, hasta el último día de mi vida, la mierda que se me
cante".
"¿Por qué? ¿Por qué lo decís vos, que sos una
pendeja mal educada y engreída?"
"No, porque ese viejo hijo de mil putas me
manoseaba, me abusaba y me amenazó con matarlos a todos, igual que mandó matar
a Fabio".
Osvaldo empalideció ante las palabras de su hija. Se
sentó al borde de la cama lentamente, mirándola como si fuera una desconocida.
"¿Qué decís? Fabio era el que te
abusaba"...atinó a murmurar.
"¿Qué? ¿Eso quién te lo contó, el viejo choto
ese? No, papá, cada vez que venía a comer, se metía en mi cuarto o donde
estuviera descansando y me manoseaba, me baboseaba toda, me hacía sentir sucia,
me decía que era una putita, que si lo contaba nadie me iba a creer. Yo tenía
pánico de tener cerca a ese cerdo. Él único que se dio cuenta de todo fue Fabi,
¿y sabés qué? el día que choqué la camioneta de mamá fue porque supe que el
viejo lo había mandado matar, porque Fabio lo enfrentó y le dijo que iba a
decir toda la verdad, lo iba a desenmascarar. Él me vio y me amenazó con
matarlos a todos, yo no supe que hacer y solo pensé en matarme, para
protegerlos".
La voz de Juliana era increíblemente calma, se había
vuelto un susurro al decir toda su verdad, ella misma se sorprendía de la
tranquilidad que estaba sintiendo al poder liberarse de todo ese peso que venía
cargando desde hacía tantos años.
Osvaldo sentía que el piso se movía a sus pies. El
mundo se le caía en mil pedazos. Cada palabra de su hija le taladraba la
cabeza. Nada de todo lo que había sucedido era verdad.
"¿Qué?"
"Lo que oís, al fin puedo decirlo sin tener miedo
a nada. Ese viejo es un hijo de mil putas que nos cagó la vida a todos".
Osvaldo se levantó. Miró a su hija como si fuera la
primera vez que la veía. La abrazó y lloró desconsoladamente. Era la primera
vez que Juliana veía llorar a su papá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario