La amenaza de Kevin había puesto nervioso al abogado
que su padre había enviado para que tratara su caso. El chico decía tener evidencias
sobre la participación del “pez gordo” y de su sobrino no sólo en la muerte de
Fabio, sino además en otros delitos. Y si eso salía a la luz, lo que el pibe no
sabía, era que involucraba a su propio padre, que estaba a punto de salir de la
cárcel tras cumplir cinco años de condena por robar camiones de mercadería en
las rutas, negocio en el que el “pez gordo” tenía mucho que ver.
Roberto trabajaba con Antonio. Muchas veces era quien
transportaba la droga desde otros países, ya que conocía cada paso clandestino
que existía, y de los que gendarmería o la policía federal ignoraba su
existencia. Kevin no tenía ni idea en qué problemas podría meter a su padre si
ese vídeo salía a la luz.
“Conseguime un permiso para visitar a Antonio, si, lo
necesito con urgencia. ¿El motivo? Está por salir en libertad y tengo que
hablar con él de los procesos y lo que tiene que hacer cuando salga. ¿Soy su
abogado, no?”
Mientras manejaba, pensaba en qué estrategias podían
usar para convencer a Kevin de que no usara esa información que tenía y, sobre
todo, que les dijera quienes y en donde tenían oculto ese video. Habría que
apelar al amor paternal y manipular al chico para que dijera todo, se quedara
tranquilo y no molestara más, que bastante había hecho.
Al llegar al penal, ingresó y pasó los controles de
rutina, que por suerte eran algo livianos ya que los guardias lo conocían
porque tenía varios clientes adentro del mismo.
“Buen día, tordo, ¿hoy a quien le toca visitar?”
Los muchachos ya le hacían bromas sobre sus idas y
vueltas con las distintas causas de los detenidos.
“A Antonio, está por salir en libertad y vieron que
hay que ir y venir, llenar papeles, explicarles bien los procedimientos para
que no se manden otra macana, en lo posible quiero evitar venir, pero ellos no
me dejan.”
Los guardias se reían, mientras controlaban que dentro
de las cosas del abogado no hubiera ni drogas, armas o cualquier cosa
prohibida. Le devolvieron su maletín y su carpeta.
“¿Qué, somos tan malos, lo tratamos tan mal, doc? Que
no se diga! La próxima vez lo esperamos con café y facturas!”
Todos se reían. El abogado pensaba en mostrarse lo más
natural posible. Tenía muchas cosas dando vueltas por la cabeza.
Al llegar a la sala de visitas, Antonio lo estaba
esperando.
“¿Qué lo trae por acá, doc?”
En voz baja, el abogado habló muy pausadamente.
“Tu hijo. Se mandó una macana grande como una casa y
como ya no es inimputable, lo metieron preso. Y, obviamente, quiere salir como
sea. El problema es que el pibe está diciendo que tiene videos y pruebas de que
don Roberto y el sobrino fueron los autores ideológicos de la muerte del tipo
que Kevin mató…y que si no lo sacan pronto va a hacerle llegar a un fiscal
incorruptible un video en donde cuenta todo lo que pasó…con lujos de detalles.”
Antonio miró al hombre sorprendido.
“¿El pibe sabe que si hace eso, yo no salgo más? Mejor
dicho, que quizás no viva más? Porque es muy probable que don Roberto me mande
matar antes de caer él…o como forma de vengarse por lo que llegue a hacer el
pibe!”
“No, el pibe no sabe de sus negocios y acuerdos con el
viejo, ni que eras el nexo muchas veces con el sobrino para que él traslade eso
que vos traías de afuera y que él le ayudaba a esconder.”
Antonio se sentó espantado. Faltaba muy poco tiempo
para volver a estar libre y no podía creer que su hijo iba a arruinarle todo.
“¿Pensaste en algo?”
“Si, cuando venía para acá se me ocurrieron un par de
cosas.”
“Decime, yo ahora no puedo pensar, estoy en blanco.”
“Voy a pedir un permiso especial para que lo vayas a
visitar.”
Antonio saltó de su silla.
“¿Qué? ¿Vos estás loco? El pibe me va a cagar la vida
y vos querés que yo le haga una visita?”
“Tranquilo, bajá un cambio que hacerte la fiera
enjaulada no te va a ayudar en nada.”
El hombre se sentó nuevamente, mientras respiraba
nervioso.
“¿Tenés un pucho? Necesito fumar.”
“Antonio, sabés que no fumo.”
“Dale, seguí, a ver cuál es tu gran idea.”
“Vas a ir, vas a hacer el papel de buen padre, de
cariñoso y preocupado, lo vas a abrazar, le vas a decir que si el habla de Roberto,
vos vas a volver a caer en cana y ahí sí que no te va a volver a ver el pelo…a
menos que la justicia decida que tu hijo tiene que cumplir su condena en una
cárcel para adultos, cosa que jamás va a ocurrir.”
Antonio lo miró con curiosidad. Se acomodó en su
silla.
“A ver si entendí. ¿Vos querés que yo le confiese al
mocoso que tuve negocios con el gordo?”
“Exacto.”
“Ni loco. No tengo que darle ni explicaciones ni
información al pendejo de mierda ese.”
“El pendejo de mierda ese dice que tiene varias copias
de un video en donde cuenta todo lo que pasó. ¿Vos pensás que si cae Roberto,
va a caer solito? No, querido, don Roberto se lleva el tendal con él, y vos sos
uno más en el tendal.”
“Es más, Roberto va a pasar un tiempito corto, si es
que lo pasa, porque va a ser la palabra de un chico de 16 años, que tiene
antecedentes penales, como por ejemplo una causa por intento de homicidio y
otra por homicidio, y resulta que el muerto es el otro sobrino del viejo La
Villa, un hombre intachable en la ciudad, empresario, que da laburo a mucha
gente y que jamás se le supo un quilombo. Encima por la edad puede pedir la
domiciliaria, diciendo que está enfermo, y mientras vos te vas a comer los
piojos acá adentro por no querer blanquearle a un pibe que te importa menos que
la uña del dedo chiquito de tu pie que traficabas merca para el viejo, él va a
estar en su cama king size, atendido por mucamas, con desayuno completo, aire
acondicionado en verano y calefacción en invierno y todas las comodidades que
tiene hoy. ¿O te pensás que el viejo se va a quedar tranqui en este ‘cinco
estrellas’?”
Antonio lo miró. Sabía que todo lo que decía su
abogado era verdad. Además, conociéndolo a Roberto, era muy probable que se
arreglara para conseguir algún sicario y matarlo sin que una gota de sangre lo
manchara. De la misma forma en que había usado a Kevin para matar a su propio
sobrino, sin que nadie sospechara de él.
“Explicame bien lo que querés que le diga al pendejo ese,
así no meto la pata yo. Espero que el pibe se coma el verso del padrecito
amoroso y me dé bolilla, porque si no estamos fritos.”
“Estás frito, querrás decir, porque mientras más
quilombos tengas vos, más facturo yo. Acá te estoy haciendo un favor, porque
necesito que estés afuera. No sólo para que me pagues lo que me debés, sino
para que hagas unos trabajitos que me pidieron.”
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