Capítulo 38



   La enfermera entró al cuarto.


"Buenos días, señor La Villa, ¿cómo amaneció hoy?

   Osvaldo apenas podía girar la cabeza. Hizo un movimiento con los ojos.

"Le voy a dar su medicación, después va a venir Juan y le va a dar su baño. Cuando termine, lo llevo al saloncito para que se distraiga".

   Osvaldo hizo un sonido inentendible, casi un gruñido y movió la cabeza para ambos lados.

"¿Por qué no quiere ir al saloncito? Allá está el televisor encendido, puede ver mejor el parque...mire, si acepta lo dejo cerca del ventanal y puede aprovechar tomar un poquito de sol!"

   La mujer fue al cuarto de baño, buscó algo y volvió con un papagayo en la mano. Retiró las sabanas y corrió la bragueta del pantalón de dormir.

"Bueno, llenemos esto, así está más cómodo".

   Osvaldo odiaba su situación. Odiaba que esta mujer le pusiera ese artefacto para hacer sus necesidades. Tenía que usar pañales y nadie comprendía qué era lo que quería. Ese tiro no podía haber fallado de peor forma.

   La enfermera le sonrió. Le hablaba como si fuera un niño chiquito, directamente como si fuera un tonto. Su cuerpo no le respondía, aunque su mente estaba intacta.

"Muy bien, señor La Villa, así se hace, llenó el papagayo".

   Acomodó la ropa y las sábanas y volvió hacia el baño a tirar los residuos. Por más que Osvaldo hiciera gestos negativos a las preguntas y propuestas de la enfermera, ella hacía lo que quería.

"¿Quiere que abramos las ventanas, así entra algo de aire fresco?"

   Él hacía que no con la cabeza y gruñía, pero ella igual lo hacía.

"¿Quiere que lo lleve al parque?"

   Él se negaba, pero su cuerpo no podía responder y ella llamaba al enfermero para que la ayude a instalarlo en la silla de ruedas y lo llevaba igual. Nunca se había sentido tan indefenso y tan expuesto. Nunca una mujer había hecho lo que se le antojaba con él.

   Desde que había recuperado la consciencia tras el disparo, no había visto a sus hijas. Cada mañana se despertaba con la esperanza de que esa insoportable enfermera entrara a su habitación diciéndole que alguna de las tres había llegado a visitarlo, pero eso no ocurría. Tal vez era eso lo que la hacía más antipática e insoportable.

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