La enfermera entró al cuarto.
"Buenos días, señor La Villa, ¿cómo amaneció hoy?
Osvaldo apenas podía girar la cabeza. Hizo un
movimiento con los ojos.
"Le voy a dar su medicación, después va a venir
Juan y le va a dar su baño. Cuando termine, lo llevo al saloncito para que se
distraiga".
Osvaldo hizo un sonido inentendible, casi un gruñido y
movió la cabeza para ambos lados.
"¿Por qué no quiere ir al saloncito? Allá está el
televisor encendido, puede ver mejor el parque...mire, si acepta lo dejo cerca
del ventanal y puede aprovechar tomar un poquito de sol!"
La mujer fue al cuarto de baño, buscó algo y volvió
con un papagayo en la mano. Retiró las sabanas y corrió la bragueta del
pantalón de dormir.
"Bueno, llenemos esto, así está más cómodo".
Osvaldo odiaba su situación. Odiaba que esta mujer le
pusiera ese artefacto para hacer sus necesidades. Tenía que usar pañales y
nadie comprendía qué era lo que quería. Ese tiro no podía haber fallado de peor
forma.
La enfermera le sonrió. Le hablaba como si fuera un
niño chiquito, directamente como si fuera un tonto. Su cuerpo no le respondía,
aunque su mente estaba intacta.
"Muy bien, señor La Villa, así se hace, llenó el
papagayo".
Acomodó la ropa y las sábanas y volvió hacia el baño a
tirar los residuos. Por más que Osvaldo hiciera gestos negativos a las
preguntas y propuestas de la enfermera, ella hacía lo que quería.
"¿Quiere que abramos las ventanas, así entra algo
de aire fresco?"
Él hacía que no con la cabeza y gruñía, pero ella
igual lo hacía.
"¿Quiere que lo lleve al parque?"
Él se negaba, pero su cuerpo no podía responder y ella
llamaba al enfermero para que la ayude a instalarlo en la silla de ruedas y lo
llevaba igual. Nunca se había sentido tan indefenso y tan expuesto. Nunca una
mujer había hecho lo que se le antojaba con él.
Desde que había recuperado la consciencia tras el
disparo, no había visto a sus hijas. Cada mañana se despertaba con la esperanza
de que esa insoportable enfermera entrara a su habitación diciéndole que alguna
de las tres había llegado a visitarlo, pero eso no ocurría. Tal vez era eso lo
que la hacía más antipática e insoportable.
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