“Una de las formas de la invisibilidad es colaborar
con alguna iglesia, hacer alguna donación para obras de caridad, mostrarse
sensible con los curas”
Roberto le seguía dando sorpresas a Osvaldo. Sabía que
cada tanto Roberto colaboraba con una pequeña parroquia, y nunca entendía la
verdadera razón ya que sabía que su tío no era un fanático religioso. Pero esta
parte de la historia hacía que se le levantaran muchos velos.
“Vos vas, una vez al mes, cada dos o tres meses, como
vos quieras, y hacés una donación. Hasta si querés podés entregar alguna
mercadería que te sobre de tu negocio, para no tirarla…al fin y al cabo, los
que van a comer a la parroquia van a sentir que es un manjar comparado con las
porquerías a las que están acostumbrados. Vos te ganas tu lugar en la sociedad
como hombre bueno, como alguien de bien, el cura siempre va a hablar en tu
defensa, por unas monedas son capaces de decir que el diablo es bueno!”
Su tío no dejaba de sorprenderlo. Desde que lo había
iniciado en el negocio, Osvaldo descubría un nuevo secreto, una nueva forma de
camuflarse entre los demás sin ser notado. Siempre había pensado que quien se
dedicaba a vender drogas se mostraba de una u otra forma, pero Roberto le
demostraba que ser invisibles era sinónimo de impunidad.
“Asegurate de ser un buen miembro de tu sociedad, que
en tu cuadra, en tu barrio, la gente te conozca por ser laburante, por ser
buena gente. Que el cura de tu iglesia hable maravillas de vos va a hacer que
el día de mañana todos te defiendan. Aunque no lo creas, y más allá de que vos
tenés a tu familia metida en otra rama de la religión…llevarse bien con los
representantes de Dios en la tierra tiene muchos beneficios.”
Roberto no daba puntada sin hilo. Sabía que entregarle
una suma de dinero cada tanto al cura no iba a abrirle las puertas del cielo.
Tampoco le interesaba eso, él quería disfrutar del paraíso en la tierra. Lo que
pasara después con él…era poco probable que lo supiera! Pero colaborar con la
iglesia le permitía tener un halo de santidad ante los otros, que tapaba
cualquier marca que pudiera dejar su negocio.
Osvaldo comenzó a participar de las actividades
religiosas que Roberto le proponía. Una vez al año asistían a la procesión de
la imagen del santo por las calles de la ciudad. De hecho, Osvaldo ofrecía su
camioneta para pasear la estatua, mientras los demás caminaban detrás rezando y
cantando letanías. Su negocio prosperaba, y, decía él, era gracias a las
donaciones que le hacía al santo y éste le devolvía con creces su generosidad.
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