Capítulo 52



“Una de las formas de la invisibilidad es colaborar con alguna iglesia, hacer alguna donación para obras de caridad, mostrarse sensible con los curas”

   Roberto le seguía dando sorpresas a Osvaldo. Sabía que cada tanto Roberto colaboraba con una pequeña parroquia, y nunca entendía la verdadera razón ya que sabía que su tío no era un fanático religioso. Pero esta parte de la historia hacía que se le levantaran muchos velos.

“Vos vas, una vez al mes, cada dos o tres meses, como vos quieras, y hacés una donación. Hasta si querés podés entregar alguna mercadería que te sobre de tu negocio, para no tirarla…al fin y al cabo, los que van a comer a la parroquia van a sentir que es un manjar comparado con las porquerías a las que están acostumbrados. Vos te ganas tu lugar en la sociedad como hombre bueno, como alguien de bien, el cura siempre va a hablar en tu defensa, por unas monedas son capaces de decir que el diablo es bueno!”

   Su tío no dejaba de sorprenderlo. Desde que lo había iniciado en el negocio, Osvaldo descubría un nuevo secreto, una nueva forma de camuflarse entre los demás sin ser notado. Siempre había pensado que quien se dedicaba a vender drogas se mostraba de una u otra forma, pero Roberto le demostraba que ser invisibles era sinónimo de impunidad.

“Asegurate de ser un buen miembro de tu sociedad, que en tu cuadra, en tu barrio, la gente te conozca por ser laburante, por ser buena gente. Que el cura de tu iglesia hable maravillas de vos va a hacer que el día de mañana todos te defiendan. Aunque no lo creas, y más allá de que vos tenés a tu familia metida en otra rama de la religión…llevarse bien con los representantes de Dios en la tierra tiene muchos beneficios.”

   Roberto no daba puntada sin hilo. Sabía que entregarle una suma de dinero cada tanto al cura no iba a abrirle las puertas del cielo. Tampoco le interesaba eso, él quería disfrutar del paraíso en la tierra. Lo que pasara después con él…era poco probable que lo supiera! Pero colaborar con la iglesia le permitía tener un halo de santidad ante los otros, que tapaba cualquier marca que pudiera dejar su negocio.

   Osvaldo comenzó a participar de las actividades religiosas que Roberto le proponía. Una vez al año asistían a la procesión de la imagen del santo por las calles de la ciudad. De hecho, Osvaldo ofrecía su camioneta para pasear la estatua, mientras los demás caminaban detrás rezando y cantando letanías. Su negocio prosperaba, y, decía él, era gracias a las donaciones que le hacía al santo y éste le devolvía con creces su generosidad.

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