Capítulo 30



   Osvaldo caminó mucho hasta llegar a un árbol. Se sentó en el piso y apoyó la espalda en el tronco. Se sentía abatido y cansado. Dejó la escopeta en el suelo. Mil imágenes se le venían a la mente. Había sido un estúpido, un títere manipulado, su soberbia no le había dejado ver todo lo que ocurría a su alrededor, su ambición lo cegó y lo cerró a todo lo que se había ido produciendo ante sus ojos y él no había querido ver.


   Sacó de su abrigo una petaca de whisky y tomó un trago. Tenía frío, pero a la vez calor. No sabía cómo se sentía en realidad. El mundo se le había dado vuelta en pocos segundos.


    Ya no tenía idea de donde estaba parado, él, que siempre se había mostrado como un hombre que lo sabía todo, superior a los demás gracias a su esfuerzo y a su inteligencia...ahora se sentía un imbécil. Un idiota al que se le habían reído todos a su alrededor. Un idiota sin remedio y sólo le quedaba una opción.

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