Osvaldo caminó mucho hasta
llegar a un árbol. Se sentó en el piso y apoyó la espalda en el tronco. Se
sentía abatido y cansado. Dejó la escopeta en el suelo. Mil imágenes se le
venían a la mente. Había sido un estúpido, un títere manipulado, su soberbia no
le había dejado ver todo lo que ocurría a su alrededor, su ambición lo cegó y
lo cerró a todo lo que se había ido produciendo ante sus ojos y él no había
querido ver.
Sacó de su abrigo una petaca
de whisky y tomó un trago. Tenía frío, pero a la vez calor. No sabía cómo se
sentía en realidad. El mundo se le había dado vuelta en pocos segundos.
Ya no tenía idea de donde estaba parado, él,
que siempre se había mostrado como un hombre que lo sabía todo, superior a los
demás gracias a su esfuerzo y a su inteligencia...ahora se sentía un imbécil.
Un idiota al que se le habían reído todos a su alrededor. Un idiota sin remedio
y sólo le quedaba una opción.
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