Nadie
debería saber lo que había ocurrido esa noche. Osvaldo había decretado que sólo
se había tratado de una pesadilla, debido al exceso de novelas para
adolescentes y películas de terror a las que su hija se había vuelto casi
adicta. No se le podía dar trascendencia, cuando Juliana había despertado sin
ningún recuerdo y trataba a todos en forma normal.
Sin embargo Clide decidió decirle a Fabio, que participaba en su mismo camino espiritual, y transmitirle la decisión de ingresarla a los grupos de jóvenes del templo, para que la preparasen para recibir el bautismo y pedirle que fuera su padrino. Su temor a una posesión era más fuerte que otra cosa y debía sentir que su hija estaba protegida.
Fabio accedió, intentando sondearla para saber exactamente qué había pasado. Y lo poco que supo, le confirmaba sus sospechas. Pero la madre no quiso escucharlo más allá de lo que ella creía que era el verdadero peligro y cerró toda posibilidad de responder a su cuñado cualquier cuestión que no fuera la espiritual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario