Las
hijas de Osvaldo lloraron desconsoladamente. No comprendían qué había sucedido.
Su madre se había vuelto loca. ¿Cómo iba a irse con una congregación religiosa
al medio de la nada, a evangelizar pueblos originarios? ¿Así, sin los elementos
básicos, solo con la ropa que se había llevado al viaje?
Ninguna podía entenderlo. Más que había dejado hasta su teléfono celular. Así, incomunicada con todos.
“¿Se
pelearon, papá? Decinos la verdad!”
“No,
no nos peleamos! Me pidió llevarla a un templo que había en las cercanías del
campo al que fuimos, el primer día la llevé, después ella se iba con la
camioneta, porque yo no la necesitaba y me iba a cazar! Venía eufórica de ahí,
yo no sabía qué le decían. Ella hablaba de alabanzas, de servicios! Yo no le
prestaba atención, ustedes saben qué pienso yo de esa religión, ¿no?”
Las chicas lo miraban desconcertadas. Por más que le explicaran, no lograban comprender nada.
“Una
tarde, cuando llegué de cacería, me encontré con el celular en la mesa, su
valija no estaba, y un papel que decía que le había llegado un mensaje de Dios,
que tenía que cumplir con la palabra que le había llegado al corazón y no sé
cuántas estupideces más!”
“¿Dónde está el papel?”
“Lo
tiré, lo dejé en la casa, ¿se piensan que tenía cabeza para pensar en traerlo?
Estoy tan desconcertado y sorprendido como ustedes, hijas”
Osvaldo lloraba. Las miró fijamente y se sentó abatido. Sollozaba desconsoladamente.
“Ahora
que estábamos tan bien, hice tantos esfuerzos por luchar por este matrimonio,
por ella, por ustedes…¡¡Yo la amo, hijas!! Me voy a volver loco, no sé a dónde
ir a buscarla!”
Las hijas de Osvaldo se aproximaron a él. Una lo abrazó, la otra se sentó de rodillas frente a él y le puso la cabeza en sus piernas. La más pequeña se sentó frente a él. Le tomó una mano. Lo miraba fijamente.
“¿Qué le hiciste a mamá?”, preguntó Juliana.
Osvaldo la miró entre lágrimas.
“Hijita, mi alma…yo…”, nuevamente comenzó a llorar y buscó abrazar a Juliana.
“No
te das cuenta de que papá está mal”, le dijo Florencia, su hermana del medio.
“No le hizo nada, mamá decidió irse sola”
“Quiero
ver ese papel”, respondió Julieta.
“July,
dijo Beatriz tratando de conciliar a sus hermanas, qué importancia tiene ese
papel? Papá está muy triste, mamá muchas veces dijo que era maravilloso ayudar
a los que menos tienen, acercarles la palabra de Dios!”
Juliana quiso resistirse. Las lágrimas de su padre la conmovían, pero se resistía a creer que su madre había tomado esa decisión, que la había dejado sola. Se levantó y fue a refugiarse a su cuarto. Beatriz intentó detenerla.
“Dejala,
dijo Osvaldo, ella es muy orgullosa y no le gusta que la vean llorar, dejala
que se desahogue, yo después voy a hablar con July, pero hay que esperar a que
se tranquilice.
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