El
matrimonio de caseros encontró la casa vacía. No había rastros de la camioneta
de los huéspedes que se habían alojado allí durante esos días. En el lugar
reinaba la oscuridad. Al encender la luz del comedor, encontraron una nota
sobre la mesa del comedor. Estaba firmada por Clide.
“Disculpen por no haberlos podido esperar,
pero nos llamaron de Mar del Plata porque mi madre sufrió un infarto y está
internada. Nos fuimos temprano. Les dejamos las llaves debajo del tanque de
gas, escondidas entre unas botellas. Aquí está el pago por los servicios que
nos prestaron, lo demás es en agradecimiento por la excelente atención que nos
brindaron. ¡¡Volveremos muy pronto!! Clide y Osvaldo”.
Debajo
había un fajo de dinero con bastante más cantidad que la acordada por el pago
del alojamiento. Sabían por otras cabañas que algunos pasajeros que se iban en
forma intempestiva, solían robarse algún objeto de las mismas como “recuerdo”.
Revisaron la cabaña y no descubrieron ningún faltante. Todo estaba acomodado y
limpio.
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