Capítulo 10



   Fabio había notado los cambios de Juliana. Le parecía raro que una criatura siempre sonriente y vivaz, de repente se volviera callada, se escondiera, que no quisiera jugar con sus primos. Un día de esos en que se juntaban todas las familias, mientras ayudaba a Clide en la cocina, le mencionó algo.

“Che, Clide, ¿no te parece que Juliana está algo huraña últimamente? Le veo rara, distante, no juega como antes con los primos, apenas saluda.


“Vos tenés hijos adolescentes, no? Es muy normal que los chicos en esta etapa tengan cambios de humor, las hormonas y todo eso les hace una revolución!! ¡¡Me extraña que vos me digas eso!!”.


    La respuesta no lo convenció. Si, él tenía hijos adolescentes, Milagros la mayor; había pasado por la etapa de la explosión hormonal, pero eso no le había provocado un cambio tan radical de conducta. Quizás alguna respuesta fuera de lugar, tal vez algún capricho más difícil de cumplir, pero más tarde o más temprano comprendía y volvía a ser la hija cariñosa, alegre y sonriente de siempre. Tampoco Fernando, tras la separación de la madre, se había vuelto un chico triste o apagado. Y el término para describir a Juliana era que se había vuelto oscura, apagada.


    Intentó hablar con Osvaldo sobre el tema, pero le salió con que eran “cosas de mujeres, que se ponen así cuando les llega el período”. Imposible tratar de razonar con dos ciegos que estaban más ocupados en sí mismos que en tratar de darse cuenta de que a una de sus hijas le estaba pasando algo.

    La idea de que Juliana ocultaba algo le rondaba la cabeza y no se la podía sacar de encima por más que tratara de pensar en otra cosa. Quería demasiado a sus sobrinos como para dejar pasar algo así.


    Juliana se escapaba cada vez que alguien se le acercaba. Miraba al tío Fabio con desconfianza, con la misma mirada que un cervatillo tendría lejos de su madre ante el sonido de una rama que se rompe bajo los pies de algún depredador. Notaba que se quedaba siempre a la vista de todos, que se sentaba a leer en alguna parte y que no participaba de casi ningún juego que implicara contacto con los otros.


   Un mal presentimiento lo atormentó de repente. Había visto un par de casos así en la granja. Casos de chicas abusadas. Se prometió a sí mismo que iría hasta el final para sacarse todas las dudas y averiguar qué era lo que le sucedía a su sobrina.

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