Kevin no podía creer que hubiera sido tan fácil salir
de ese infierno. Evidentemente su padre tenía más influencias de las que él
pensaba. Era el hijo de un “capo” de la mafia. Se sentía como el protagonista
de alguna de esas películas que miraba de niño, en donde los malos siempre
salían ganando.
El plan iba saliendo según lo pactado. Ese fin de semana un chico debía ser
trasladado hacia la ciudad para visitar a su familia. Él iría en ese mismo
vehículo. Alguien dentro del centro avalaría su viaje, que no estaba autorizado
por ninguna autoridad. Un sábado los controles eran más ligeros, ya que casi no
había jefes o directores en la institución que controlasen firmas y pudieran
corroborar la autenticidad de los oficios.
La camioneta blanca perteneciente al ministerio
ingresó al patio. Bajó solo una persona, ya que el chofer se había quedado para
dar la vuelta al vehículo para partir lo antes posible. El celador llamó al chico
que si debía viajar, revisaron sus papeles y luego llamó a Kevin, quien se
acercó algo temeroso. El guardia miró los documentos que le habían entregado y
se los devolvió al celador, quien le hizo un gesto al chico para que subiera.
La primera parte de la fuga había sido todo un éxito.
Aprovechó a dormir mientras viajaban. Necesitaba estar
bien despierto cuando llegaran a destino, para poder aprovechar cada minuto y
no ser atrapado nuevamente. Al llegar a la ciudad, llevaron al otro muchacho a
la casa de sus padres. Kevin debería prestar mucha atención al camino que
estaban siguiendo.
Minutos después llegaron al correccional de la ciudad.
Le informaron al celador que sus primos estaban esperando al chico que
trasladaban y que ya estaban en la salita de reuniones. Kevin siguió a los
oficiales que los guiaban por esos pasillos que ya conocía tan bien.
Afortunadamente una chica se le echó al cuello
llorando y riendo, saludándolo y diciéndole cuánto lo extrañaban. Lo guió hacia
una mesita en donde estaban sentados cuatro varones de su edad, que lo
saludaban llamándolo “primo”. Era la primera vez en su vida que los veía.
Uno de ellos se acomodó más cerca de Kevin y le habló
en voz baja.
“¿Memorizaste bien la dirección y el camino para ir a
la casa del flaco que vino con vos?”
“Si, me fijé bien.”
“Bueno, la idea es que cuando termine la visita, vos
te vayas en la camioneta. Antes de llegar a la casa del pibe, nosotros los
vamos a emboscar para rescatarte. Apenas veas aparecer las motos, Tenés que
darle un golpe bien fuerte al chofer, tratá de que sea en la cabeza y si se
desmaya, mucho mejor y atá al celador a algún caño, también dale algún
puñetazo, para que nadie sospeche de él.”
Charlaron un rato más. Cada vez que algún agente
pasaba cerca de ellos, la chica hablaba de lo triste que estaba la mamá de
Kevin por no haber podido visitarlo, pero que no se encontraba bien de salud y
que tenía que hacer reposo. Luego volvían a los detalles de la otra parte de la
fuga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario