Capítulo 57



   Kevin no podía creer que hubiera sido tan fácil salir de ese infierno. Evidentemente su padre tenía más influencias de las que él pensaba. Era el hijo de un “capo” de la mafia. Se sentía como el protagonista de alguna de esas películas que miraba de niño, en donde los malos siempre salían ganando.

   El plan iba saliendo según lo pactado.  Ese fin de semana un chico debía ser trasladado hacia la ciudad para visitar a su familia. Él iría en ese mismo vehículo. Alguien dentro del centro avalaría su viaje, que no estaba autorizado por ninguna autoridad. Un sábado los controles eran más ligeros, ya que casi no había jefes o directores en la institución que controlasen firmas y pudieran corroborar la autenticidad de los oficios.

   La camioneta blanca perteneciente al ministerio ingresó al patio. Bajó solo una persona, ya que el chofer se había quedado para dar la vuelta al vehículo para partir lo antes posible. El celador llamó al chico que si debía viajar, revisaron sus papeles y luego llamó a Kevin, quien se acercó algo temeroso. El guardia miró los documentos que le habían entregado y se los devolvió al celador, quien le hizo un gesto al chico para que subiera. La primera parte de la fuga había sido todo un éxito.

   Aprovechó a dormir mientras viajaban. Necesitaba estar bien despierto cuando llegaran a destino, para poder aprovechar cada minuto y no ser atrapado nuevamente. Al llegar a la ciudad, llevaron al otro muchacho a la casa de sus padres. Kevin debería prestar mucha atención al camino que estaban siguiendo.

   Minutos después llegaron al correccional de la ciudad. Le informaron al celador que sus primos estaban esperando al chico que trasladaban y que ya estaban en la salita de reuniones. Kevin siguió a los oficiales que los guiaban por esos pasillos que ya conocía tan bien.

   Afortunadamente una chica se le echó al cuello llorando y riendo, saludándolo y diciéndole cuánto lo extrañaban. Lo guió hacia una mesita en donde estaban sentados cuatro varones de su edad, que lo saludaban llamándolo “primo”. Era la primera vez en su vida que los veía.

   Uno de ellos se acomodó más cerca de Kevin y le habló en voz baja.

“¿Memorizaste bien la dirección y el camino para ir a la casa del flaco que vino con vos?”

“Si, me fijé bien.”

“Bueno, la idea es que cuando termine la visita, vos te vayas en la camioneta. Antes de llegar a la casa del pibe, nosotros los vamos a emboscar para rescatarte. Apenas veas aparecer las motos, Tenés que darle un golpe bien fuerte al chofer, tratá de que sea en la cabeza y si se desmaya, mucho mejor y atá al celador a algún caño, también dale algún puñetazo, para que nadie sospeche de él.”

   Charlaron un rato más. Cada vez que algún agente pasaba cerca de ellos, la chica hablaba de lo triste que estaba la mamá de Kevin por no haber podido visitarlo, pero que no se encontraba bien de salud y que tenía que hacer reposo. Luego volvían a los detalles de la otra parte de la fuga.

No hay comentarios:

Publicar un comentario