Capítulo 39



   Juliana había ido al cuarto de sus padres. Necesitaba recordar el aroma de su mamá, quien había desaparecido sin dejar un solo rastro. Ella no creía mucho la historia de su padre, menos teniendo en cuenta que estaba mucho tiempo con el tío Roberto y ella sabía que éste había dado la orden de matar a Fabio.


   Abrió las ventanas de par en par. Hacía mucho tiempo que su papá mantenía esa habitación cerrada y a oscuras. Últimamente su papá estaba extraño, más callado que de costumbre, nervioso. Y ella estaba convencida de que no era tristeza por la ausencia de mamá.

   Miró a su alrededor. Quería encontrar alguna blusa, sus zapatos favoritos, su perfume, algo para llevarse a su cuarto. Quería sentirla cerca cuando estaba sola, cuando los fantasmas la acosaban, cuando los malos recuerdos volvían a su mente. Se tiró al piso a ver si veía algún calzado que hubiera quedado debajo de la cama. Levantó el faldín que bordeaba el colchón y vio un cajoncito. Se estiró para alcanzarlo y ver qué había. Dos paquetes con algo blanco en su interior.

   ¿Papá era traficante? ¿Qué clase de familia tenía? ¿Qué negocios tenían con Roberto, ya que andaban todo el tiempo secreteando? Tomó uno de los paquetes y lo miró por todos los lados. Azúcar no era, sal tampoco. Azúcar impalpable mucho menos. Eso era droga.

   Se sentó sobre la cama con los paquetes. Los miraba casi hipnotizada, buscando entender muchas cosas de lo que había pasado con su familia. ¿Qué había descubierto Fabio, además de los abusos a los que Roberto la había sometido, para que lo mataran?

   En ese momento escuchó pasos en la escalera. Osvaldo entró al cuarto y vio a su hija sentada en la cama, con los paquetes de droga. El mundo se le cayó encima al escucharla decir "Qué es esto, papá?"

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